Andorra se presenta al mundo como una alternativa seria, transparente y atractiva y aspira a ser un referente en Europa.

Cambio del modelo económico tradicional

Tradicionalmente Andorra era uno de los países más restrictivos con la inversión foránea, pero el contexto de crisis en Europa hizo que su modelo económico cambiara significativamente adaptándose así al entorno internacional, homologando su sistema fiscal y apostando por la transparencia y el encaje dentro de Europa.

¿Qué pasos ha seguido para adaptarse internacionalmente?

El año 2009 Andorra firmó 21 convenios de intercambio de información fiscal y aprobó y puso en funcionamiento un nuevo sistema fiscal basado en una fiscalidad general directa, para no residentes, sociedades y empresarios individuales (primer año de aplicación 2012).

En el año 2013 se implementó también un sistema de fiscalidad indirecta y está pendiente de aprobación una reforma de la renta de las personas físicas. Hay que destacar la firma con Francia del convenio para evitar la doble imposición y las negociaciones con España y Portugal.

¿Qué procedimiento de apertura ha utilizado?

En 2012 se aprobó una nueva ley que liberaliza al 100% las inversiones exteriores en todos los sectores mediante un procedimiento previo de aprobación. Con esta ley se pretende reforzar los sectores tradicionales y promover las áreas que se consideren clave: nuevas tecnologías, salud y bienestar y formación y educación.

Este procedimiento de apertura también ha llevado a una reforma del modelo de inmigración que facilita los trámites a los nuevos inversores y crea diversas modalidades de residencia no lucrativa.

¿Por qué Andorra?

Andorra es un país próspero y cosmopolita. En Europa, su PIB por cápita está solamente por debajo de Luxemburgo, Suiza y Alemania y se sitúa por encima de la media europea. El entorno de negocios que ofrece es muy competitivo y dispone de un acuerdo de unión aduanera con la UE para los productos industriales. Las ratios de solvencia y liquidez que ofrece son las más altas de Europa.

A pesar de la modificación del modelo fiscal, ha conservado ciertos rasgos diferenciales que le convierten en un centro estratégico a nivel internacional: una fiscalidad discreta que no graba más del 10% ni a compañías ni a particulares y una fiscalidad indirecta con un tipo general del 4,5%. Estas dos medidas inciden muy positivamente en el desarrollo de iniciativas empresariales y en el consumo privado.